Cómo calibrar el monitor en Windows 10 paso a paso

Última actualización: 11 de enero de 2026
Autor: Isaac
  • Calibrar el monitor en Windows 10 mejora la fidelidad del color, el contraste y la legibilidad, sin necesidad de hardware profesional.
  • La herramienta nativa de Windows permite ajustar gamma, brillo, contraste y balance de color, además de optimizar el texto con ClearType.
  • Los perfiles ICC del fabricante o de terceros se pueden instalar y aplicar por usuario o para todo el sistema desde Administración del color.
  • Factores como HDR, tipo de panel y frecuencia de refresco completan una configuración de imagen equilibrada y adaptada a cada uso.

calibrar monitor en Windows 10

Calibrar correctamente el monitor en Windows 10 marca una diferencia enorme en cómo ves juegos, especialmente si sabes configurar tu monitor gaming, películas, fotos o simplemente el escritorio. Muchos monitores llegan de fábrica con colores pasados de rosca, demasiado brillo o un contraste que destroza los negros y los blancos, así que dedicar unos minutos a ajustar todo esto es una de las mejores inversiones de tiempo que puedes hacer en tu PC.

Windows 10 incluye herramientas propias para calibrar la pantalla sin necesidad de comprar un colorímetro profesional ni instalar programas de terceros, y además permite cargar perfiles ICC del fabricante o creados por otros usuarios. Si a esto le sumas el ajuste de texto ClearType y algunos parámetros clave del monitor (como temperatura de color, brillo o contraste), puedes dejar la imagen muy fina incluso para trabajar con fotografía o vídeo amateur.

Qué significa calibrar un monitor y por qué merece la pena

Calibrar un monitor consiste en ajustar cómo representa el color, el brillo y el contraste para que lo que ves en pantalla se parezca lo máximo posible a la realidad. El objetivo no es solo que “se vea bonito”, sino que los tonos de piel, cielos, sombras y luces tengan sentido y no aparezcan quemados, lavados o con dominantes raras.

Durante la calibración se tocan sobre todo tres patas: gama (gamma), brillo y contraste, junto con el balance de los colores primarios (rojo, verde y azul). Con la herramienta de Windows 10 puedes ir viendo ejemplos de cómo debería verse una imagen “correcta” y mover los controles hasta acercarte a ese resultado, tanto desde el sistema como desde el propio menú OSD del monitor.

Si trabajas con dos monitores o más, tendrás que calibrar cada uno por separado, ya que cada pantalla tiene su propia electrónica y su propio panel. Incluso monitores iguales del mismo modelo pueden verse diferentes de fábrica, así que nada de copiar ajustes a ciegas sin comprobar cómo se ve en cada panel.

En entornos profesionales se suelen usar instrumentos específicos como espectrofotómetros o colorímetros (Spyder, Calibrite, etc.), que miden objetivamente cómo se comporta la pantalla y generan un perfil ICC con un error de color muy bajo (Delta E por debajo de 2). Eso es lo ideal para fotografía, diseño o vídeo avanzado, aunque es una inversión que mucha gente en casa no necesita.

Para uso doméstico o gaming, la herramienta de calibración de Windows 10 es más que suficiente para lograr unos colores vivos y creíbles, sobre todo si el monitor no viene muy fino de fábrica. Te permite dejar un perfil nuevo sin complicarte la vida y sin gastar un euro justo después de sacar el monitor de la caja.

Conceptos clave antes de calibrar: temperatura de color, brillo, contraste y tipo de panel

ajustes de color en Windows 10

Antes de entrar a fondo con la calibración en Windows 10 conviene entender cuatro conceptos básicos: temperatura de color, brillo, contraste (curva de gamma) y el tipo de panel que tienes delante (LCD u OLED). Saber qué estás tocando te ayuda a no volverte loco con los controles.

Temperatura de color (Kelvin)

La temperatura de color se mide en Kelvin (K) y define si la imagen se ve cálida o fría. Un valor más bajo, por ejemplo 5.500K, genera tonos cálidos, con un ligero tinte amarillento, mientras que un valor alto, como 7.500K, da como resultado tonos fríos con dominante azul.

El estándar más usado para trabajar es 6.500K, que se considera un blanco “neutro” que no tira claramente ni hacia el amarillo ni hacia el azul. Es un punto de partida perfecto tanto para trabajo de imagen como para un uso general del PC, y desde ahí puedes subir o bajar si te gusta la imagen algo más cálida o más fría.

Brillo, contraste y curva de gamma

El brillo del monitor (luminancia del blanco) marca qué tan intensas son las zonas claras. Si lo tienes demasiado alto, la imagen cansa la vista y se “queman” los detalles en las partes más brillantes; si lo bajas en exceso, todo se ve apagado y perderás información en luces.

El contraste está relacionado con la luminancia del negro y con la curva de gamma. Un contraste bien ajustado permite ver diferencias entre tonos oscuros sin que el negro se vuelva gris, pero sin que las sombras se conviertan en un bloque negro donde no se distingue nada. La gamma controla cómo se reparten los tonos entre el blanco y el negro, es decir, cómo de progresiva es la transición.

Diferencias entre paneles OLED y LCD

Los paneles OLED pueden mostrar negros prácticamente puros apagando por completo los píxeles que representan esas zonas, lo que les da un contraste brutal y una imagen muy llamativa en escenas oscuras. Esto hace que la calibración de negros y sombras sea algo distinta a la de un LCD.

En los paneles LCD (IPS, VA, TN, etc.) siempre hay algo de luz de fondo, así que el negro nunca es tan profundo como en OLED. Aquí el ajuste de brillo y contraste es crucial para que los tonos oscuros no se laven ni se empasten, y la calidad del panel influye muchísimo en el resultado final.

Tres formas de calibrar la pantalla: hardware, Windows y menú del monitor

Hoy en día tienes tres vías principales para calibrar tu monitor: usar un dispositivo de hardware específico, tirar de la herramienta nativa de Windows 10 o jugar con los menús internos del propio monitor (OSD). Lo ideal es combinar varias según tus necesidades y el nivel de precisión que busques.

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Calibrar con un calibrador de pantalla (colorímetro)

Un calibrador es un pequeño dispositivo que se coloca pegado a la pantalla y que, ayudado por un programa, mide cómo se muestran los colores y crea un perfil de color ICC adaptado a ese monitor concreto.

Modelos como Datacolor Spyder o Calibrite Display están pensados para uso profesional, donde se busca que el error de color (Delta E) sea inferior a 2, un rango en el que el ojo humano apenas aprecia diferencias entre el color original y el mostrado. Es la solución ideal si te ganas la vida editando fotos o vídeo.

Algunos monitores de gama alta incluso integran su propio colorímetro motorizado, como ciertas pantallas ProArt, que se auto‑calibran sin depender del sistema operativo. Es lo más cómodo y preciso, pero también lo más caro, así que para la mayoría de usuarios no es necesario llegar a este extremo.

Usar los menús del monitor (OSD)

Muchos monitores actuales, sobre todo los gaming, incluyen perfiles de imagen y controles avanzados en su menú en pantalla: modos sRGB, cine, juego, usuario, ajustes de gamma, temperatura de color, overdrive, HDR, etc. A veces con elegir el modo sRGB o “Estándar” ya se gana bastante frente al modo “Vívido” o “Dinámico” que traen de serie.

Si sueles conectar el mismo monitor a varios equipos (PC de sobremesa, portátil, consola…), es muy cómodo dejar una calibración base en el propio monitor vía OSD. Así no dependes tanto de la configuración de cada sistema operativo y mantienes una imagen coherente en todos ellos.

La herramienta de calibración de color de Windows 10

La opción más accesible para todo el mundo es la utilidad nativa de Windows 10 para calibrar color. Está disponible también en Windows 11 y permite ajustar gamma, brillo, contraste y balance de color guía en mano, con ejemplos visuales bastante claros.

La ventaja de esta herramienta es que modifica la forma en que Windows envía la señal de color al monitor, sin obligarte a toquetear demasiado los botones físicos de la pantalla si no quieres. Eso sí, siempre es recomendable empezar con el monitor en sus valores de fábrica para que el sistema no tenga que “corregir” correcciones previas.

Cómo calibrar el monitor con la herramienta integrada de Windows 10

Antes de abrir la herramienta de calibración de color de Windows 10 hay un pequeño ritual que conviene seguir: dejar el monitor encendido al menos 30 minutos para que alcance su temperatura de funcionamiento normal, restaurar los ajustes de fábrica en el OSD y desactivar cualquier modo que altere los colores (como Luz nocturna o filtros azules agresivos).

Una vez hecho esto, puedes iniciar la utilidad de calibración de varias maneras. La más rápida es abrir la búsqueda de Windows y escribir “Calibrar color de la pantalla” para lanzar directamente el asistente. Si prefieres la ruta larga, sigue estos pasos desde el escritorio.

Haz clic derecho sobre el escritorio y selecciona “Configuración de pantalla” para abrir el panel principal donde controlas resolución, orientación y demás. En la parte inferior encontrarás el enlace a “Configuración de pantalla avanzada”, que te lleva a las opciones más finas.

En “Configuración de pantalla avanzada” pulsa en “Mostrar propiedades del adaptador de pantalla”. Se abrirá una ventana clásica. Dentro, entra en la pestaña “Administración del color” y haz clic en el botón “Administración del color…” para acceder al gestor de perfiles ICC.

En la ventana de Administración del color cambia a la pestaña “Opciones avanzadas”. Ahí verás el botón “Calibrar pantalla”, que abre el asistente de calibración de color de Windows 10. Es buena idea dejar esta ventana abierta para ver después el perfil nuevo que se creará.

Cuando se abra el asistente, pulsa “Siguiente” para pasar la pantalla de bienvenida. Windows te recordará que es recomendable restablecer los ajustes del monitor y tener a mano el menú OSD por si necesitas tocar brillo o contraste directamente en la pantalla.

Ajuste de gamma

El primer paso práctico del asistente es la configuración de gamma. Verás una imagen con varios círculos y ejemplos de cómo se ve un ajuste de gamma demasiado bajo, demasiado alto y una referencia considerada correcta.

Usa el control deslizante de la izquierda para que la imagen se parezca lo máximo posible a la muestra central, intentando que los puntos del interior de los círculos casi desaparezcan sin cargarte el detalle. Si te pasas o no te convence, puedes pulsar “Restablecer” y ajustar de nuevo hasta que quede a tu gusto.

Brillo y contraste

Después de la gamma, el asistente pasa al ajuste de brillo. Windows te mostrará una foto de una persona con una camisa y una chaqueta sobre un fondo oscuro con una X y te indicará cómo debería verse aproximadamente cuando el brillo está bien configurado.

En este caso no hay control deslizante en Windows, tienes que usar los botones físicos del monitor para subir o bajar el brillo mientras miras la imagen de referencia. La idea es distinguir con claridad la camisa, la chaqueta y el fondo, sin que nada quede completamente lavado ni se pierdan detalles en las zonas claras.

El siguiente bloque es el contraste. De nuevo verás ejemplos de cómo se ve un contraste bajo, alto y equilibrado, y deberás usar el OSD del monitor para ajustarlo. Sube el contraste hasta el punto en que todavía puedas ver bien los pliegues de la camisa y los botones; si desaparecen, bájalo un poco.

Ajuste de balance de color

Con gamma, brillo y contraste bajo control toca pulir la dominante de color. El asistente te mostrará una escala de grises con ejemplos donde domina el rojo, el verde o el azul, y otra imagen de referencia que representa un gris neutro.

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Utiliza los controles deslizantes de rojo, verde y azul que aparecen al final del asistente para que esa escala de grises se vea lo más neutra posible, sin tintes claramente rojizos, verdosos o azulados. La clave es que las barras sigan siendo grises, no de otro color.

Comparar resultado y guardar la calibración

Al terminar estos pasos, Windows te da la opción de comparar el resultado nuevo con el anterior usando los botones “Calibración anterior” y “Calibración actual”. Cambia de uno a otro varias veces y fíjate en detalle en sombras, tonos de piel y textos.

Si te gusta cómo ha quedado la nueva calibración, pulsa en “Finalizar” para guardarla. Windows creará un nuevo perfil de color asociado a tu monitor y lo activará automáticamente. Si no te convence, puedes cancelar y volver a empezar hasta que encuentres un punto que te resulte cómodo.

Optimizar la lectura con ClearType en Windows 10

Una vez ajustados los colores, merece la pena dar un paso extra y afinar el texto y ajustar la nitidez del monitor. Windows 10 incluye una pequeña utilidad llamada Optimizador de texto ClearType que ayuda a que las letras se vean más nítidas y legibles, algo que se agradece muchísimo si pasas horas frente al monitor.

Al terminar la calibración de color, el propio asistente te ofrece marcar una casilla para iniciar el Optimizador ClearType. Si la dejas activada y pulsas en “Finalizar”, la herramienta se abrirá automáticamente, pero también puedes buscar “Ajustar texto ClearType” en la barra de búsqueda de Windows cuando quieras.

Al iniciar ClearType, marca la casilla para activar esta tecnología y pulsa “Siguiente”. Primero, Windows comprobará que estás usando la resolución nativa del monitor, algo fundamental para que el texto se vea lo mejor posible y no se deforme.

En las siguientes pantallas verás bloques de texto con diferentes representaciones. En cada paso tendrás que elegir con el ratón la muestra que te parezca más clara y fácil de leer, repitiendo el proceso en varias ventanas (normalmente cinco rondas de prueba).

Al completar la selección de muestras, Windows ajustará automáticamente cómo renderiza las fuentes en función de tu monitor y tus preferencias. Solo tienes que pulsar “Finalizar” y, a partir de ahí, el texto en el sistema y en la mayoría de aplicaciones se verá más suave y definido.

Descargar, instalar y usar perfiles de color (ICC) en Windows 10

Además de crear tu propia calibración, puedes recurrir a perfiles ya preparados. Casi todos los fabricantes publican en sus webs perfiles ICC específicos para cada modelo de monitor, ajustados en laboratorio. También hay comunidades y foros donde los usuarios comparten perfiles calibrados con hardware profesional.

Estos perfiles no siempre encajan al 100 % con tu unidad, porque cada panel tiene sus pequeñas variaciones, pero suelen ser un buen punto de partida si el fabricante ha hecho bien los deberes o si provienen de una calibración cuidadosa.

Para instalar un perfil que hayas descargado, vuelve a la ventana de “Administración del color” en Windows 10. Si la tienes cerrada, escribe “color” en la búsqueda de Windows y abre “Administración del color”. Asegúrate de que en el desplegable de “Dispositivo” está seleccionado el monitor correcto.

Marca la casilla “Usar mi configuración para este dispositivo” para decirle a Windows que quieres controlar manualmente los perfiles de esa pantalla. Después, pulsa en el botón “Agregar…” para abrir la lista de perfiles disponibles.

Si el perfil ya está instalado en el sistema, podrás seleccionarlo directamente de la lista de perfiles ICC. Si es un archivo que acabas de descargar (normalmente con extensión .icc o .icm), haz clic en “Examinar…”, busca el archivo en tu equipo, selecciónalo y pulsa en “Agregar”.

El nuevo perfil aparecerá en la lista asociada a ese monitor. Para usarlo, selecciónalo y pulsa en “Establecer como perfil predeterminado”. A partir de ese momento, Windows aplicará ese perfil a todas las aplicaciones que respeten la gestión de color del sistema.

Aplicar la calibración y los perfiles a todos los usuarios del equipo

Algo importante que mucha gente pasa por alto es que los perfiles de color se guardan por usuario. Es decir, si compartes el ordenador con más personas, cada cuenta puede tener su propia configuración de color y su propia calibración.

Si quieres que un perfil o una calibración concreta se aplique a todo el sistema (por ejemplo, en un entorno de trabajo o en un aula), debes usar la opción de valores predeterminados del sistema dentro de la misma herramienta de Administración del color.

Desde la ventana de Administración del color, ve a “Opciones avanzadas” y busca el botón “Cambiar los valores predeterminados del sistema…”. Esto abrirá una nueva ventana llamada “Valores predeterminados del sistema de administración del color”, donde puedes gestionar perfiles de forma global.

En esa ventana podrás agregar perfiles, establecer uno como predeterminado y acceder también al asistente de calibración, igual que hacías a nivel de usuario. No olvides marcar la casilla “Usar calibración de pantalla de Windows” para asegurarte de que el sistema respeta la calibración que has configurado.

Al hacer los cambios desde esta sección, la configuración afectará a todos los usuarios del equipo. Es una solución muy práctica en oficinas, estudios compartidos o cualquier sitio donde varios perfiles de usuario deban ver los mismos colores en la pantalla.

Calibrar vídeo HDR en Windows 10 y 11

Si tu pantalla y tu sistema soportan HDR, Windows también permite calibrar específicamente la reproducción de vídeo HDR para equilibrar mejor las luces intensas y las sombras profundas en contenido compatible (streaming, películas, algunas apps).

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Para entrar en esta parte ve a Inicio > Configuración > Aplicaciones > Reproducción de vídeo. Dentro verás la opción “Stream vídeo HDR”. Haz clic en “Configuración de Windows HD Color” para abrir el panel donde se controlan las funciones HDR de la pantalla.

En la sección de Windows HD Color selecciona la pantalla que quieres calibrar en “Elegir pantalla” y asegúrate de que la ventana de Configuración está abierta en esa misma pantalla. Después, haz clic en “Cambiar la configuración de calibración” dentro del apartado de vídeo HDR.

Se abrirá una pantalla con un vídeo de muestra donde puedes poner la imagen a pantalla completa. Abajo tendrás un control deslizante que te permitirá equilibrar los detalles entre las zonas más brillantes (por ejemplo, nieve o reflejos de sol) y las más oscuras (sombras, ventanas, habitaciones poco iluminadas).

Si mueves el deslizador hacia la derecha ganarás detalle en las partes muy brillantes, evitando que se quemen tanto las luces, mientras que si lo mueves hacia la izquierda resaltarás más información en las sombras. Juega con el ajuste hasta encontrar un punto que te guste y luego sal del modo de pantalla completa.

Prueba después a reproducir vídeo HDR real en una aplicación compatible para ver el resultado en uso normal. Si notas que las escenas claras se ven apagadas o que las oscuras pierden mucho detalle, vuelve a la herramienta de calibración HDR y retoca la posición del control deslizante. Siempre puedes pulsar “Restablecer calibración” si quieres volver al punto de partida.

Otros factores a tener en cuenta al calibrar un monitor

Además de lo que tocas en la herramienta de Windows y en el OSD del monitor, hay un par de detalles extra que conviene revisar para asegurarte de que estás aprovechando de verdad la pantalla que tienes.

Si el monitor tiene HDR o certificaciones similares, pruébalas tras la calibración básica. El HDR mejora el rango dinámico, es decir, la capacidad de mostrar diferencias entre luces y sombras con mayor realismo, algo especialmente notable en juegos y películas. Combinar una buena calibración SDR con un HDR bien configurado da un salto de calidad importante.

En monitores gaming es fundamental revisar que estás usando la frecuencia de refresco máxima que soporta la pantalla (120 Hz, 144 Hz, 165 Hz, 240 Hz, etc.). A veces Windows, por algún cambio de controlador o conexión, deja el monitor a 60 Hz, y eso arruina la fluidez sin que te des cuenta de inmediato.

Para ajustar la frecuencia ve a Configuración > Sistema > Pantalla > Configuración de pantalla avanzada y mira el valor de “Frecuencia de actualización” o “Velocidad de actualización”. Selecciona el número más alto que permita tu monitor y tu cable (HDMI, DisplayPort) para que la experiencia de uso sea lo más suave posible.

Ten presente también que la calibración que hagas en Windows solo afecta al propio sistema operativo. Si conectas una consola por HDMI al mismo monitor, la señal que llega desde esa consola no usará el perfil de color de Windows; tendrás que ajustar la imagen directamente desde el menú del monitor y, si procede, desde los ajustes de imagen de la consola.

Preguntas frecuentes sobre la calibración del monitor

Para cerrar, merece la pena responder a algunas dudas que suelen salir siempre que se habla de calibrar monitores, sobre todo en lo relativo a su importancia real, la frecuencia con la que hay que hacerlo y lo que pasa si el resultado no convence.

¿Por qué es tan importante calibrar un monitor?

Una buena calibración asegura una representación de color más fiel y consistente, lo que se traduce en una experiencia visual más agradable y, en trabajos creativos, en una mayor precisión a la hora de editar fotografías, vídeo o diseño gráfico. Incluso para jugar, se agradece poder distinguir mejor lo que ocurre en escenas oscuras o muy luminosas.

¿Hace falta comprar obligatoriamente un colorímetro?

No es imprescindible para la mayoría de usuarios domésticos. La herramienta de calibración de Windows 10, combinada con un buen ajuste del monitor, consigue resultados muy decentes. El hardware específico cobra sentido cuando necesitas una precisión profesional y repetir la calibración con regularidad para mantenerla estable.

¿Cada cuánto tiempo debería recalibrar el monitor?

Para un uso normal suele bastar con calibrar el monitor una vez al estrenarlo y repetir solo si notas cambios raros en la imagen o actualizas de forma importante el sistema. En entornos profesionales se recomienda recalibrar cada pocas semanas o tras cierto número de horas de uso, porque los paneles van cambiando ligeramente con el tiempo.

¿Puedo deshacer una calibración de Windows si no me gusta?

Sí, la herramienta de Windows te deja comparar y volver atrás en cualquier momento. Al terminar puedes conservar la calibración anterior o aceptar la nueva, y desde la Administración del color siempre puedes eliminar perfiles que no utilices o restablecer valores para empezar de cero.

¿La calibración de Windows afecta a otros dispositivos conectados al monitor?

No, los perfiles de color de Windows solo influyen en la señal que genera el propio sistema operativo. Consolas, reproductores externos u otros aparatos conectados al monitor por HDMI o DisplayPort utilizan su propia configuración de imagen, así que deberás ajustarlos por separado si quieres que todo se vea de forma coherente.

Cualquier usuario de Windows 10 puede dejar su monitor mucho mejor de como viene de serie, aprovechando tanto la utilidad nativa de calibración de color como ClearType, los perfiles ICC y las opciones del propio OSD del monitor, sin necesidad de gastar dinero extra y adaptando cada parámetro a su tipo de panel y a la forma real en la que usa el equipo en el día a día.

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