- Meta prepara su primer gran smartwatch, conocido como Malibu 2, centrado en salud, fitness e integración con Meta AI.
- El reloj se integrará con las gafas Ray-Ban Meta Display y podría sustituir a la pulsera neuronal como centro de control gestual.
- Su lanzamiento previsto para 2026 colocará a Meta frente a Apple, Google, Samsung y Garmin en un mercado de wearables muy competitivo.
- El éxito dependerá de la precisión de sensores, la autonomía, la experiencia de uso y la capacidad de generar confianza en privacidad de datos.
Meta lleva tiempo intentando que su hardware vaya más allá de ser un simple complemento de Facebook, Instagram o WhatsApp, y el siguiente gran paso apunta directo a tu muñeca: un smartwatch propio. Después del éxito de sus gafas Ray-Ban inteligentes y del tropiezo de otros proyectos como Facebook Portal, la compañía de Mark Zuckerberg ha decidido rescatar un reloj que parecía olvidado en un cajón.
Este reloj, conocido internamente como Malibu 2, será el primer gran smartwatch de Meta y apunta a lanzarse en 2026. No hablamos solo de un reloj para ver notificaciones: la idea es combinar seguimiento avanzado de salud, integración profunda con Meta AI y una relación muy estrecha con las gafas inteligentes de la marca, formando un ecosistema de wearables al estilo de lo que Apple ha hecho con el Apple Watch y sus propios accesorios.
Malibu 2: el smartwatch de Meta que vuelve a la vida

La gran novedad es que Meta ha decidido recuperar un proyecto de reloj inteligente que canceló en 2022, en plena época de recortes y reajustes en Reality Labs, su división de hardware. Aquel primer reloj nunca llegó al mercado; se quedó en prototipo por problemas técnicos, costes y falta de foco. Ahora, sin embargo, el contexto es distinto: la compañía ha encontrado tracción con sus gafas Ray-Ban Meta y ve claro que los wearables con IA son un campo donde no puede quedarse atrás.
Según la información filtrada por el medio The Information, el dispositivo se está desarrollando bajo el nombre en clave interno “Malibu 2” y su ventana de lanzamiento apunta a 2026. Esto indica que el proyecto está en una fase bastante avanzada, sobre todo si tenemos en cuenta que Meta lo ha reactivado tras reuniones estratégicas celebradas incluso en la casa de Mark Zuckerberg en Hawái, donde se habría reordenado la hoja de ruta del hardware de la compañía.
Este renacer de Malibu 2 no parte desde cero: Meta ya había trabajado en varias iteraciones de smartwatch, con ideas que incluían hasta tres modelos diferentes y cámaras integradas para videollamadas a través de WhatsApp o Messenger. Aquellos diseños, más experimentales, se han ido puliendo hasta llegar a una propuesta mucho más pragmática: salud, IA y un papel clave dentro del ecosistema de gafas y realidad aumentada de la empresa.
Que la compañía vuelva sobre este proyecto ahora no es casualidad. La inteligencia artificial se ha convertido en el eje central de toda la estrategia de Meta, con Meta AI extendiéndose por sus apps y servicios. En este contexto, un smartwatch es un punto de acceso perfecto para esa IA: un dispositivo que llevas encima todo el día, ideal para consultas rápidas por voz, notificaciones inteligentes y sugerencias en tiempo real.
Funciones de salud y fitness en el centro del reloj de Meta
Las filtraciones coinciden en que Malibu 2 estará muy orientado al seguimiento de la salud y la actividad física. En este sentido, Meta no quiere reinventar la rueda, sino ponerse a la altura de lo que ofrecen hoy Apple Watch, Samsung Galaxy Watch, Google Pixel Watch o los modelos de Garmin y Fitbit, para luego diferenciarse a través de la IA y la integración con sus plataformas.
Es razonable esperar que el reloj incluya las métricas habituales: monitorización de la frecuencia cardiaca, análisis del sueño, contador de pasos, calorías, niveles de actividad diaria e, incluso, sensores para medir el oxígeno en sangre (SpO2), algo ya estándar en muchos relojes avanzados. Algunas fuentes hablan también de métricas más sofisticadas relacionadas con estrés o recuperación, campos donde la precisión de los sensores y la interpretación de los datos serán clave para no generar alarmas innecesarias.
Más allá de recopilar datos, el objetivo de Meta sería que el reloj convierta toda esa información en acciones y recomendaciones útiles. Es decir, que no se limite a mostrar gráficas, sino que, gracias a Meta AI, pueda sugerirte cambios de hábitos, avisarte si detecta patrones extraños en tu ritmo cardiaco, recomendarte descansos tras muchas horas sentado o proponerte rutinas de ejercicio personalizadas.
En un mercado en el que casi todos los relojes miden lo mismo, la diferencia estará en cómo la IA es capaz de “coser” esos datos y ofrecer contexto: recordarte que duermes peor los días que te acuestas tarde usando el móvil, o detectar que tus entrenamientos son menos eficientes cuando acumulas demasiado estrés. Todo esto, si se ejecuta bien, puede marcar la línea entre un smartwatch que se queda en un cajón al mes y otro que de verdad se convierte en una herramienta diaria.
Meta AI en la muñeca: el reloj como acceso rápido a la inteligencia artificial
Uno de los pilares de Malibu 2 será la integración profunda con Meta AI, el asistente de inteligencia artificial de la compañía. Ya no hablamos de un simple asistente de voz para poner temporizadores o dictar mensajes, sino de una IA capaz de entender contexto, cruzar información de diferentes servicios y responder de manera natural incluso en situaciones ruidosas o de poca conexión.
El reloj se concibe como un dispositivo de interacción rápida, pensado para consultas de segundos, no de minutos. Aquí, cualquier retraso o respuesta imprecisa se nota muchísimo más que en el móvil. Por eso, la experiencia con Meta AI tendrá que ser especialmente ágil: responder a mensajes de WhatsApp mientras caminas, pedir un resumen de las notificaciones del día, lanzar una nota de voz que se convierta en texto o pedir instrucciones rápidas para llegar a un sitio sin sacar el teléfono del bolsillo.
La idea de Meta es que la IA no sea un icono perdido en el menú, sino el pegamento de toda la experiencia. Que puedas hablarle al reloj y, a partir de ahí, se coordinen el móvil, las gafas Ray-Ban Display y otros dispositivos del ecosistema. Por ejemplo, podrías pedir al reloj que saque una foto con las gafas, o que reproduzca un reel de Instagram en un dispositivo cercano, o que silencie notificaciones cuando detecte que estás entrenando o durmiendo.
Otro punto interesante es cómo se comportará Meta AI cuando la conectividad no sea perfecta. Para ser realmente útil, el reloj tendrá que poder ejecutar ciertas funciones de forma local, sin depender siempre de la nube, especialmente en tareas de dictado, respuestas simples o gestión de notificaciones. El equilibrio entre procesamiento local y en servidores será clave tanto para la velocidad como para la privacidad.
Integración con gafas Ray-Ban Meta Display y el resto del ecosistema
Más allá del reloj en sí, Malibu 2 encaja dentro de un plan más amplio de wearables conectados de Meta. En paralelo al desarrollo del smartwatch, la compañía está trabajando en nuevas generaciones de sus gafas Ray-Ban Meta, incluidas las Ray-Ban Display con pantalla y funcionalidades de realidad aumentada ligera, cuyo éxito ha sido tal que incluso han tenido que pausar su expansión internacional para poder atender la demanda en Estados Unidos.
Las Ray-Ban Meta Display actuales utilizan una pulsera neuronal para el control por gestos, un accesorio que permite manejar ciertas funciones de las gafas de forma discreta. La idea que ha trascendido es que el smartwatch podría asumir ese papel, sustituyendo a la pulsera y actuando como centro de control gestual y de notificaciones, integrando así ambos dispositivos en una experiencia más coherente y cómoda para el usuario.
En esta configuración, el reloj se convertiría en una interfaz de control secundaria para las gafas: un lugar donde confirmar acciones, cambiar modos, gestionar la grabación de fotos y vídeos o controlar la reproducción de audio cuando no quieres hablar con la IA en voz alta. Las gafas aportarían información visual y captura de contenido; el reloj, biometría, notificaciones y presencia constante en la muñeca.
Meta también está trabajando en unas gafas sucesoras de las Ray-Ban Display, bajo el nombre en clave Hypernova 2, cuyo lanzamiento se baraja para finales de 2026, así como en unas gafas de realidad aumentada/mixta más ambiciosas, conocidas internamente como Phoenix, que habrían sido retrasadas hasta 2027. Todo esto dibuja una estrategia clara: primero consolidar los wearables “ligeros” (gafas y reloj), y después ir a por la realidad aumentada más avanzada.
Si la integración está bien resuelta, el usuario percibirá que cada pieza del ecosistema hace mejores a las demás. Y, por supuesto, eso encierra un beneficio muy claro para Meta: cuanto más dependa tu día a día de esa combinación de gafas, reloj, móvil y redes sociales, más complicado será salirte de su entorno para irte a otro fabricante o plataforma.
Un movimiento para competir con Apple, Google, Samsung y Garmin
Con Malibu 2, Meta entra de lleno en un segmento muy competitivo donde Apple lleva años mandando. El Apple Watch se ha convertido casi en sinónimo de smartwatch, especialmente en lo que respecta a control de salud y rendimiento deportivo ligero. De hecho, diversos estudios han llegado a comparar la precisión de algunos modelos de Apple Watch con la de dispositivos médicos especializados para funciones concretas como la medición del oxígeno en sangre.
En ese mismo terreno juegan también Google (con Pixel Watch y la herencia de Fitbit), Samsung, Garmin y otros fabricantes que llevan mucho tiempo puliendo sus sensores, algoritmos de salud y aplicaciones de acompañamiento. Meta llega tarde si hablamos de años de experiencia en relojes, pero pretende compensarlo con algo que los demás no tienen en la misma medida: un ecosistema social masivo y una IA integrada en todas sus plataformas.
Un aspecto clave será ver cómo gestiona Meta la compatibilidad real con Android e iOS. La mayoría de usuarios esperan que un reloj inteligente funcione casi igual de bien tanto si usan un móvil de Google como un iPhone. Sin embargo, las limitaciones que Apple impone a terceros han hecho que muchos smartwatches ofrezcan una experiencia recortada en iOS. Aquí, Meta tendrá que hilar fino si quiere que su reloj no quede relegado solo al entorno Android.
También será determinante la calidad de la aplicación de acompañamiento y la estabilidad de las notificaciones. El usuario medio no perdona notificaciones que no llegan, apps que se cuelgan o sincronizaciones lentas. Si el reloj falla en lo básico —autonomía digna, sensores fiables, app sólida—, poco importará lo que prometa Meta AI.
Por si fuera poco, la llegada del Malibu 2 coincidiría con rumores de que Apple prepara sus propias gafas inteligentes con IA para 2027, abriendo un frente de batalla doble: muñeca y cara. Si ambas compañías consolidan sus ecosistemas de wearables, el choque entre ellas será inevitable, tanto a nivel de funciones como de percepción de marca y confianza.
Un proyecto con historia: del cajón al escaparate
El camino de Meta hacia el smartwatch ha sido cualquier cosa menos recto. Las primeras noticias sobre un reloj de la compañía se remontan al menos a 2021, cuando se detectaron referencias en código de Android a un dispositivo con cámara desmontable y diseño modular. En aquel momento, Meta exploraba incluso lanzar varios modelos con cámaras duales pensadas para videollamadas y creación de contenido ligada al metaverso.
Aquellos planes se toparon con problemas técnicos, costes de producción y una falta de claridad sobre el uso real del dispositivo. En 2022, en pleno contexto de recortes y reestructuración de Reality Labs, Meta decidió cancelar el proyecto antes de que llegara al mercado, priorizando el impulso de las gafas Meta Ray-Ban y otros wearables con un enfoque más directo hacia la IA.
Desde entonces, el contexto ha cambiado. Las gafas inteligentes Ray-Ban Meta y, especialmente, las Ray-Ban Display con pantalla y control por gestos, han demostrado que existe un mercado real para este tipo de productos. Tanto, que las listas de espera superaron el inventario y Meta tuvo que frenar su despliegue internacional para centrarse en satisfacer la demanda en Estados Unidos.
Ese éxito ha servido de catalizador para revisitar la idea del smartwatch como pieza clave del ecosistema. Ya no se trata de un reloj “raro” con cámaras integradas para el metaverso, sino de un dispositivo que combina lo que el usuario ya entiende (salud, deporte, notificaciones) con lo que Meta quiere empujar (IA y conexión con gafas y realidad aumentada).
La decisión de resucitar Malibu 2 se interpreta como un gesto de confianza en la estrategia de hardware de la compañía, pero también como una respuesta a las dudas de los inversores. Mientras que los visores Meta Quest siguen siendo un nicho y las gafas de realidad aumentada avanzada todavía tardarán años en masificarse, un reloj inteligente bien planteado puede ofrecer una vía de ingresos más rápida y directa.
Retos técnicos, privacidad y credibilidad
Entrar en el mercado de los smartwatches no es solo una cuestión de sacar un producto atractivo. Los retos técnicos son enormes y el margen de error es pequeño. La autonomía debe ser suficiente para aguantar al menos un día completo de uso real, idealmente más. Los sensores tienen que ser precisos y consistentes, no solo en laboratorio, sino en el día a día de personas que duermen mal, se mueven mucho o entrenan en condiciones variadas.
La parte de software es igual de crítica: sin una app bien diseñada, sincronización fiable y actualizaciones regulares, cualquier intento de competir con Apple, Samsung o Garmin está condenado a quedarse en un producto de nicho. Meta, que viene del mundo del software y las redes sociales, tiene experiencia en apps, pero tendrá que demostrar que puede mantener el mismo nivel de calidad cuando hay un dispositivo físico de por medio.
Donde Meta parte con desventaja es en confianza y privacidad. Un reloj que mide tu salud y tu actividad las 24 horas del día maneja datos extremadamente sensibles: ritmo cardiaco, patrones de sueño, niveles de estrés, ubicación frecuente, hábitos diarios… El historial de la compañía en materia de datos no es precisamente impecable, y eso puede hacer que muchos usuarios se lo piensen dos veces antes de dejar que Meta controle sus métricas de salud.
Para ganarse esa confianza, la empresa tendrá que ofrecer controles claros, opciones de privacidad visibles y explicaciones transparentes sobre qué se procesa en el dispositivo, qué viaja a la nube y con qué fines se utilizan esos datos. Cualquier percepción de que la información de salud se pueda cruzar de manera agresiva con publicidad o perfiles sociales podría ser letal para la adopción del reloj.
Además, Meta tendrá que asegurarse de que cualquier métrica “avanzada” se comunique con cuidado. Medir estrés, recuperación o riesgo de ciertas afecciones puede ser útil, pero también puede generar ansiedad si los datos no son precisos o si no se explican bien. El listón está alto, y el usuario de wearables de salud cada vez es más exigente y está mejor informado.
En conjunto, Malibu 2 se perfila como un movimiento ambicioso con mucho que ganar y bastante que demostrar. Si Meta logra combinar un buen hardware, sensores fiables, una experiencia de uso pulida, integración real con sus gafas y un Meta AI rápido y útil en la muñeca, el reloj puede convertirse en la pieza que le faltaba a su estrategia de wearables. Si se queda corto en autonomía, precisión o privacidad, será otro recordatorio de que, en este sector, el “casi” no vale y los usuarios no tienen mucha paciencia.

