- El fin del soporte de Windows 10 implica pérdida de parches de seguridad, actualizaciones y asistencia técnica, aumentando el riesgo de ataques.
- Windows 11 exige hardware moderno con TPM 2.0, dejando fuera a muchos PCs, que deben optar por renovar equipo, usar ESU o buscar alternativas.
- La UE ha logrado una prórroga de seguridad y acceso gratuito al programa ESU, mientras crecen las críticas por obsolescencia y el impacto ambiental.
- Linux y soluciones como Commodore Vision 3.0 permiten reutilizar ordenadores antiguos, alargando su vida útil y reduciendo residuos electrónicos.
El ocaso de Windows 10 ya es una realidad y millones de usuarios se encuentran en una encrucijada: actualizar, seguir usando un sistema sin soporte o buscar alternativas. Microsoft ha puesto fecha final al ciclo de vida de este sistema operativo y, aunque los ordenadores seguirán encendiendo con normalidad, la vida digital de quienes no actúen se complica bastante.
Mientras tanto, Europa ha logrado una prórroga especial que da algo de aire a los usuarios de la Unión Europea, y Microsoft ha desplegado distintas opciones como Windows 11, programas de soporte extendido e incluso soluciones pensadas para empresas. A la vez, surgen caminos alternativos como Linux o el reaprovechamiento de viejos equipos para otros usos, desde centros multimedia hasta consolas retro.
Fin del soporte de Windows 10: fechas y qué implica realmente

Microsoft ha marcado el 14 de octubre de 2025 como el momento en el que Windows 10 dejará de recibir soporte general para la mayoría de usuarios. Ese día, los equipos con este sistema seguirán arrancando con normalidad, pero se acabará el flujo de novedades y, sobre todo, de parches críticos.
A partir de esa fecha, no se ofrecerán nuevas actualizaciones de seguridad, correcciones de errores ni soporte técnico estándar para usuarios domésticos, salvo las excepciones previstas para empresas o programas especiales. El sistema no deja de funcionar, pero queda congelado en el tiempo.
Esto significa que tu PC con Windows 10 seguirá siendo utilizable, pero cada mes que pase aumentará el riesgo de que aparezcan vulnerabilidades sin corregir, fallos de compatibilidad o problemas con aplicaciones modernas, especialmente todas las que dependen de inteligencia artificial o nuevas tecnologías de seguridad.
Microsoft argumenta que este paso es necesario porque Windows 10 es ya un sistema veterano, lanzado en julio de 2015, cuando el panorama de amenazas, el hardware y las necesidades de rendimiento eran muy diferentes. Mantenerlo al día frente al nivel actual de ciberataques y requisitos de IA es, según la empresa, poco realista.
En la práctica, el fin del soporte convierte a Windows 10 en un sistema en «modo riesgo permanente»: podrá funcionar, pero cualquier nuevo agujero de seguridad que se descubra quedará sin parche para la mayoría de usuarios, facilitando desde infecciones de malware hasta ataques dirigidos.
Qué deja de ofrecer Microsoft y por qué es tan importante

Cuando Microsoft da por finalizado el ciclo de vida de Windows 10, tres pilares fundamentales desaparecen para el usuario medio: soporte técnico, actualizaciones de software y parches de seguridad. Cada uno de ellos tiene impact directo en cómo de seguro y estable es tu ordenador.
Por un lado, ya no podrás recurrir al soporte técnico oficial de Microsoft para resolver incidencias relacionadas con Windows 10. Problemas de funcionamiento, errores extraños o fallos tras instalar programas dejarán de estar cubiertos por la asistencia directa del fabricante.
En segundo lugar, el sistema dejará de recibir actualizaciones funcionales: no habrá nuevas características, mejoras de rendimiento ni ajustes de compatibilidad con aplicaciones o hardware moderno. Eso se traducirá, con el tiempo, en más conflictos con drivers, dispositivos nuevos o software reciente que ya no se optimizará para este sistema.
Pero lo realmente delicado es la ausencia de actualizaciones de seguridad y correcciones de vulnerabilidades. Cada mes se descubren fallos que permiten a atacantes colarse en los equipos, robar datos o tomar el control del sistema. Sin parches que tapen esos agujeros, tu Windows 10 se convierte en un objetivo muy apetecible.
Las grandes campañas de malware y ataques de ransomware suelen centrarse precisamente en plataformas muy extendidas y poco actualizadas. Windows, como ecosistema, es uno de los blancos preferidos, y un sistema como Windows 10 sin parches se suma a esa lista de víctimas potenciales con todas las papeletas.
Riesgos de seguir usando Windows 10 sin soporte
Seguir con Windows 10 tras el fin de soporte es posible, pero la factura en seguridad puede ser muy alta. La ausencia de parches de seguridad implica que cualquier vulnerabilidad nueva que se descubra quedará permanentemente abierta para los atacantes.
Esto incrementa de forma notable el riesgo de sufrir infecciones de virus, troyanos, spyware o ransomware, especialmente si navegas con frecuencia, instalas programas de fuentes dudosas o abres habitualmente adjuntos de correo. Los ciberdelincuentes suelen explotar precisamente agujeros sin corregir en sistemas populares.
Además, con el paso del tiempo aparecerán más incompatibilidades con aplicaciones modernas, servicios en la nube, navegadores actualizados y herramientas que dependen de tecnologías recientes de cifrado o autenticación. Puede que tu PC encienda, pero cada vez te encontrarás con más «este programa ya no es compatible».
En entornos con información sensible (documentos de trabajo, datos personales, acceso a banca online, etc.), mantener Windows 10 sin soporte se convierte en una mala idea desde el punto de vista de la ciberseguridad. Incluso un buen antivirus puede no ser suficiente si el propio sistema operativo deja de parchear sus vulnerabilidades internas.
Solo tendría sentido seguir usando Windows 10 sin conexión a Internet, aislado de redes y dispositivos externos, o para tareas muy concretas con datos no sensibles. En cualquier otro escenario realista, el consejo general es migrar a un sistema que siga recibiendo actualizaciones.
La prórroga en la Unión Europea y el programa ESU
Una de las grandes novedades alrededor del fin de soporte de Windows 10 es que, en el caso de Europa, la historia no acaba el mismo día para todo el mundo. Las autoridades y organizaciones de consumidores han presionado a Microsoft, logrando una extensión especial en el Espacio Económico Europeo.
Las organizaciones de consumidores han celebrado que Microsoft extienda un año más el soporte gratuito a Windows 10 dentro de la Unión Europea. Esto significa que los usuarios europeos que mantengan su cuenta de Microsoft vinculada a su equipo podrán seguir recibiendo actualizaciones de seguridad hasta una fecha posterior fijada (hablando de «tiempo de descuento» antes de una migración casi obligatoria).
En paralelo, Microsoft ha puesto en marcha el programa ESU (Extended Security Updates), pensado originalmente para empresas, administraciones y perfiles profesionales que necesitan alargar la vida útil de sus sistemas sin renunciar a los parches de seguridad.
Este ESU ofrece tres años adicionales de actualizaciones de seguridad para Windows 10 más allá del fin del soporte general. Normalmente es un servicio de pago, enfocado a organizaciones que no pueden renovar todo su parque informático de golpe.
La particularidad en la UE es que los usuarios del Espacio Económico Europeo podrán acogerse a este programa de seguridad extendida sin coste, siempre que utilicen una cuenta de Microsoft y completen correctamente el proceso de inscripción. Es una forma de mitigar el impacto inmediato sobre millones de dispositivos que, de otra forma, quedarían desprotegidos de un día para otro.
Quién se ve afectado y cómo está el reparto de versiones de Windows
El fin de soporte de Windows 10 golpea de lleno tanto a usuarios domésticos como a empresas. Para muchas organizaciones, Windows 10 seguía siendo el estándar, y según algunos datos casi la mitad de las compañías aún lo utilizaban hasta fechas recientes.
En el caso de los usuarios de fuera de la UE, Microsoft ha cortado ya las actualizaciones gratuitas habituales que garantizaban el correcto funcionamiento del sistema. Para ellos, la única forma de seguir recibiendo parches de seguridad será mediante acuerdos empresariales o a través del programa ESU en su modalidad de pago.
Diversas organizaciones de consumidores han alertado de que un porcentaje muy elevado de usuarios europeos sigue en Windows 10 y, además, tiene dispositivos que no cumplen los requisitos para pasar a Windows 11. Algunas estimaciones hablan de que alrededor del 22% de los usuarios en Europa, e incluso hasta un 40% según otras fuentes, están en esta situación de bloqueo.
Los datos de uso de sistemas operativos muestran que Windows 10 todavía tiene una presencia muy fuerte a nivel global. A mediados de año, Windows 11 se posicionaba como la versión más instalada en Norteamérica, Asia y Oceanía, mientras que Windows 10 seguía liderando en Europa, África y Sudamérica.
En España, las cifras apuntan a que Windows 10 continúa siendo la versión preferida por más de la mitad de los usuarios, superando todavía a Windows 11. Este retraso en la adopción complica el escenario, porque implica que millones de equipos deberán decidir en poco tiempo si actualizan, se sustituyen o se quedan en un limbo de soporte extendido.
Requisitos para actualizar a Windows 11
Para quienes se plantean dar el salto a Windows 11, el principal obstáculo suele ser el hardware. Microsoft ha subido el listón y no todos los PCs con Windows 10 cumplen las condiciones para instalar la última versión del sistema operativo.
Para empezar, se exige una CPU relativamente moderna, en la práctica procesadores posteriores a 2018. En el caso de Intel, se suele hablar de la familia Core de octava generación en adelante; en AMD, la referencia habitual es Ryzen 3000 o superior.
Además, el equipo debe contar con al menos 4 GB de memoria RAM, 64 GB de almacenamiento interno, una tarjeta gráfica compatible con DirectX 12 o posterior y una pantalla con resolución mínima de 720p. Son requisitos ajustados para el estándar actual, pero que dejan fuera a muchos ordenadores de gama baja o antiguos.
El punto más conflictivo es la necesidad de disponer de TPM 2.0 (Trusted Platform Module) y arranque seguro activados. Esta plataforma de seguridad basada en hardware es la base sobre la que se apoyan muchas de las mejoras de protección de Windows 11, pero en muchos PCs antiguos no existe o está desactivada por defecto en la BIOS/UEFI.
La propia herramienta de actualización de Windows comprueba automáticamente estos requisitos y indica si el equipo es apto o no para recibir Windows 11. Si el mensaje es negativo, se puede intentar ajustar configuraciones en la UEFI, pero cuando el hardware simplemente no da la talla, la actualización oficial no es posible.
Cómo actualizar a Windows 11 si tu equipo es compatible
Si tu ordenador pasa el filtro de requisitos, actualizar a Windows 11 es relativamente sencillo y, en muchos casos, la actualización es gratuita siempre que tengas una licencia legal y vigente de Windows 10. Todo se hace desde el propio sistema, sin necesidad de complicarse demasiado.
El camino más habitual es a través de Windows Update. Para ello, basta con hacer clic en el botón de Inicio, acceder al menú de Configuración (el icono de la rueda dentada), entrar en el apartado de Windows Update y pulsar en «Buscar actualizaciones».
Si el equipo es compatible, debería aparecer una invitación del tipo «Actualizar a Windows 11», junto con información básica y opciones para descargar e instalar. Es posible elegir el momento exacto para llevar a cabo la instalación, de modo que no interrumpa tu trabajo.
Antes de dar el paso, conviene hacer una copia de seguridad de tus archivos importantes (documentos, fotos, configuraciones clave, etc.). Aunque la actualización está pensada para conservar tus datos, nunca está de más tener un plan B por si algo se tuerce.
Tras completar el proceso, tu sistema pasará a formar parte del ecosistema Windows 11, con acceso pleno a sus actualizaciones, nuevas funciones y, sobre todo, al ciclo de parches de seguridad actuales, lo que te devuelve a un entorno mucho más protegido.
Qué opciones tienes si tu PC no soporta Windows 11
La situación se complica para quienes descubren que su ordenador, pese a funcionar bien, no cumple los requisitos oficiales de Windows 11. Aquí se abren varias alternativas, cada una con sus pros y contras, y ninguna es perfecta.
Por un lado, es posible forzar la instalación de Windows 11 en equipos no compatibles mediante métodos no oficiales: modificando el registro, usando instaladores personalizados o herramientas de terceros y otras soluciones para optimizar Windows. Sin embargo, esto requiere conocimientos avanzados y puede comprometer estabilidad y seguridad.
Microsoft no garantiza el correcto funcionamiento de Windows 11 en hardware que no cumple los requisitos, así que te arriesgas a fallos, cuelgues, falta de drivers o ausencia de parches completos. No es una opción recomendable para usuarios que quieran tranquilidad a largo plazo.
La otra gran alternativa es comprar un equipo nuevo que ya venga con Windows 11 preinstalado. Esta opción te asegura compatibilidad total, soporte completo y un hardware actualizado, aunque implica un desembolso económico que, según estimaciones, ronda los 800 euros de media, con modelos más económicos también disponibles.
Para quienes no quieran o no puedan gastar dinero en un PC nuevo, queda la posibilidad de seguir con Windows 10 asumiendo los riesgos o cambiar a otros sistemas operativos (como algunas distribuciones Linux) que funcionan razonablemente bien en equipos más modestos y que siguen recibiendo soporte.
Alternativa 1: exprimir Windows 10 con medidas de seguridad extremas
Hay usuarios que, por necesidad o convicción, prefieren seguir usando Windows 10 incluso sin soporte. En estos casos, lo más sensato es reducir al máximo la superficie de ataque y limitar el uso del equipo a tareas muy concretas.
Una opción razonable es utilizar el ordenador con Windows 10 sin conexión permanente a Internet, evitando navegar, instalar software nuevo o conectar dispositivos externos que no sean de total confianza. Así se reduce dramáticamente el riesgo de infecciones y ataques remotos.
También es fundamental contar con un antivirus de calidad, actualizado y con protección en tiempo real, aunque conviene recordar que, por muy bueno que sea, no puede suplir la ausencia de parches en el sistema operativo si se explota una vulnerabilidad del propio Windows.
Este enfoque podría ser válido para equipos usados como máquinas de ofimática aisladas, centros multimedia locales o PCs dedicados a tareas sin datos sensibles. Pero desde la óptica de la ciberseguridad, no es una solución ideal para un ordenador principal conectado a Internet.
Microsoft y las organizaciones especializadas en seguridad coinciden en que no es recomendable mantener un sistema desactualizado para uso general. Es, como poco, una solución de emergencia o temporal, pero no un plan a largo plazo.
Alternativa 2: migrar a Linux para alargar la vida del hardware
Cuando Windows 10 llega a su final y Windows 11 se queda fuera de alcance, muchos miran hacia distribuciones Linux como vía de escape. Se trata de sistemas operativos gratuitos, de código abierto y con un ecosistema de aplicaciones cada vez más completo.
Para un uso doméstico típico (navegar, ofimática, correo, vídeo, música, redes sociales), Linux cumple de sobra. Suele incluir una selección básica de programas y permite acceder a catálogos de software adicional, también gratuito, mediante gestores integrados muy sencillos.
Eso sí, la experiencia no es idéntica a Windows: la interfaz cambia, algunos comandos y hábitos son distintos y puede que tengas que buscar alternativas a tus programas habituales. Para juegos modernos o determinadas aplicaciones profesionales específicas, la cosa se complica más.
La parte positiva es que muchas distribuciones Linux están muy bien optimizadas para equipos modestos o antiguos, de modo que puedes alargar la vida de tu hardware varios años más sin necesidad de cambiar de ordenador solo porque Microsoft ha movido ficha.
Instalar Linux implica una pequeña curva de aprendizaje, pero la comunidad suele ofrecer guías, foros y documentación para ayudar a los recién llegados. Si estás dispuesto a dedicarle un poco de tiempo, puede ser una solución muy sólida y económica.
Alternativa 3: darle una segunda vida como consola retro con Commodore Vision 3.0
Otra manera creativa de aprovechar un PC con Windows 10 que se ha quedado atrás es convertirlo en una máquina dedicada a juegos retro. Aquí entra en escena Commodore Vision 3.0, una distribución Linux singular que apunta directamente a la nostalgia.
Commodore Vision 3.0 es una distro basada en Linux, completamente gratuita, diseñada para transformar ordenadores antiguos en consolas retro listas para jugar. No incluye publicidad, ni sistemas de rastreo ni notificaciones molestas: se centra en ofrecer un entorno limpio y controlado.
Su interfaz de usuario está claramente inspirada en los míticos Commodore 64 y Amiga, con un diseño que recuerda a la estética de los 80 y 90, tanto en menús como en elementos gráficos. Para quienes vivieron esa época, es un viaje directo a la infancia.
Una de sus grandes bazas es que incluye más de 200 juegos retro preinstalados, listos para ejecutar, junto a una buena selección de emuladores para ampliar la biblioteca con otros títulos clásicos. Es un entorno perfecto para los amantes del videojuego vintage.
Además, incorpora una versión actualizada del intérprete Commodore OS BASIC V1, con soporte para gráficos 3D y físicas avanzadas. La idea es fomentar la creatividad y recuperar el espíritu de «hazlo tú mismo» de los años 80 y 90, invitando a nuevas generaciones a dar sus primeros pasos en programación.
Instalación y requisitos de Commodore Vision 3.0
No todo son ventajas, claro. El principal escollo de Commodore Vision 3.0 es que la imagen de descarga ocupa alrededor de 35 GB, un tamaño considerable incluso teniendo en cuenta todos los juegos y software que incluye de serie.
Para conseguirla, hay que acceder a su página web oficial y elegir el método de descarga: vía torrent (recomendado para un archivo tan grande) o descarga directa. Una vez tengas la imagen, el siguiente paso es crear un USB de instalación.
La forma más cómoda de hacerlo es usar herramientas como Rufus, que permite seleccionar la unidad USB y la imagen de la distro para generar un pendrive arrancable con los parámetros correctos. Alternativamente, se pueden usar utilidades como BalenaEtcher u otras similares.
El proceso de instalación de Commodore Vision 3.0 es muy similar al de cualquier distribución Linux: arrancas el PC desde el USB, sigues los pasos del asistente y decides si quieres que sea el único sistema del equipo o convivir con otros en un arranque dual.
Aunque también es posible probarlo en una máquina virtual, si quieres aprovechar al máximo el hardware del PC para juegos, lo ideal es instalarlo como sistema operativo principal. La comunidad detrás de la distro ofrece tutoriales, guías para múltiples dispositivos y foros de soporte para resolver dudas.
El papel de OneDrive y las copias de seguridad antes de migrar
Independientemente de si te quedas en Windows 10, saltas a Windows 11 o pruebas Linux, hay un paso que deberías dar sí o sí: hacer copia de seguridad de todo lo que te importe. Un cambio de sistema siempre conlleva cierto riesgo, y más aún cuando se aprovecha para renovar hardware.
Microsoft recomienda aprovechar las Copias de seguridad de Windows combinadas con OneDrive para guardar documentos, fotografías, configuraciones y aplicaciones favoritas en la nube. De esta forma, al pasar a Windows 11 o estrenar un nuevo dispositivo con este sistema, la migración es mucho más suave.
Esta estrategia te permite empezar «de cero» sin perder realmente nada: restauras tus archivos desde OneDrive, recuperas ajustes clave y dejas atrás parte del «ruido» acumulado en años de uso de Windows 10. Es una forma bastante cómoda de limpiar y a la vez conservar lo importante.
A nivel de seguridad, tener tus datos respaldados en un servicio en la nube también te protege frente a fallos de hardware, robos, formateos imprevistos o errores durante el proceso de actualización o instalación de un nuevo sistema operativo.
Incluso si optas por mantener Windows 10 unos meses más, conviene ir adelantando trabajo y preparar estas copias de seguridad, porque tarde o temprano tendrás que moverte a otro sistema y agradecerás tenerlo todo organizado.
Impacto económico, ambiental y debate sobre obsolescencia
El fin del soporte de Windows 10 no es solo una cuestión técnica; tiene un impacto económico claro para los usuarios y un coste ambiental nada despreciable. Muchas personas deberán renovar equipos que, en términos de rendimiento, aún les bastaban para el día a día.
Las organizaciones de consumidores hablan abiertamente de obsolescencia programada, es decir, de una estrategia que limita la vida útil práctica de un producto para forzar su renovación. Esto genera una cantidad enorme de residuos electrónicos y obliga a inversiones que no todo el mundo puede afrontar.
Cuando un ordenador no cumple los requisitos de Windows 11, aunque siga funcionando bien, tiende a terminar en el punto limpio o, peor aún, en un vertedero, pese al contenido de metales preciosos o escasos y a las posibilidades reales de reciclaje que existen.
Para el usuario final, renovar el equipo suele implicar un gasto cercano a los 800 euros de media, además de un periodo de adaptación al nuevo sistema y la necesidad de reorganizar su flujo de trabajo y aplicaciones. No es un cambio menor, sobre todo en hogares con varios ordenadores.
Quienes no puedan o no quieran asumir este coste y decidan mantener Windows 10 más allá de la prórroga europea se verán expuestos a campañas de ciberataque cada vez más sofisticadas, que explotan sin piedad las vulnerabilidades de sistemas sin soporte. La Ley de Mercados Digitales defiende el acceso igualitario a actualizaciones de seguridad esenciales, pero de momento lo conseguido es solo un margen adicional de tiempo, no una solución definitiva.
En este contexto, la decisión de actualizar, cambiar de sistema o exprimir al máximo el hardware existente se ha convertido en uno de los dilemas tecnológicos más relevantes para millones de usuarios. Entre la seguridad, el bolsillo, el impacto ambiental y las costumbres de uso, cada uno tendrá que encontrar el equilibrio que mejor encaje con su situación.
Mirando el panorama completo, el final de Windows 10 marca un punto de inflexión en el que se cruzan la necesidad de sistemas más seguros y modernos, la presión para renovar dispositivos, las alternativas de software libre como Linux y opciones creativas como Commodore Vision 3.0. Elegir bien qué hacer con tu viejo PC —migrar a Windows 11, cambiar de equipo, abrazar Linux o reconvertirlo en consola retro— será clave para seguir disfrutando de la tecnología sin renunciar ni a la seguridad ni a la sostenibilidad.